Monday, February 11, 2013

La renuncia del Papa es una llamada

 

Fuente: infocatólica.com
A las 3:52 PM, por Bruno
Categorías : Iglesia en el mundo
Benedicto xviEn cuanto se ha hecho pública la noticia de la renuncia de Benedicto XVI, se han disparado los análisis sobre las causas y, sobre todo, sobre las consecuencias de su decisión. A mi entender, la renuncia del Papa es, ante todo, una llamada.
Una llamada a la conversión. Porque hoy, como todos los demás días, la conversión es el asunto más importante para cada uno de nosotros. En ese sentido, es una bendición que esto suceda cuando va a llegar la Cuaresma. Si vemos algo tan llamativo como el abajamiento de un Papa que renuncia a su cargo y pide perdón públicamente por sus defectos, quizá sea un signo de Dios para que nosotros, por fin, nos convirtamos.


Una llamada a poner los ojos en Cristo. Sólo Él es nuestro Señor. El Papa, como el último de los monaguillos, debe disminuir para que Él crezca. Los papas, como Vicarios de Cristo, prestan su servicio por un tiempo, hasta que mueren o renuncian, pero Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre.
Una llamada a dar gracias al cielo, como ha hecho el propio Papa en su anuncio. Grandes han sido las obras de Dios durante su pontificado y durante su servicio anterior como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Por su medio, Dios nos ha otorgado muchas bendiciones. Incluso debemos darle gracias por esta renuncia, aunque nos duela, porque todo sucede para el bien de los que aman a Dios. El cielo nos regaló un papa estupendo y ahora nos deja sin él. El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quitó. Bendito sea el nombre del Señor.
Una llamada a amar a la Iglesia. No me cabe duda de que el gesto del Papa es un acto de amor a la Iglesia, para servirla como mejor cree que puede hacerlo en su debilidad. Que Dios nos conceda a todos ese mismo amor humilde a la Iglesia.
Una llamada a contemplar las cosas sub specie aeternitatis, desde el punto de vista de la eternidad. La Iglesia es tan antigua y nuestros proyectos humanos tan efímeros que la renuncia del papa se llama propiamente abdicación, porque la última vez que un papa renunció, también estaba abdicando como Rey de Roma y de los Estados Pontificios. Fue hace medio milenio. Quizá esto deba hacernos pensar que lo que importa es el plan de Dios y no nuestros planecillos y proyectos.
Una llamada a pensar como Dios y no como los hombres. El mundo sólo se fija en el poder. Por eso no entendió que Juan Pablo II permaneciera en su puesto en la humillación de su debilidad y tampoco entiende ahora que Benedicto XVI no se aferre al poder. El cristiano ve las cosas de otra forma. Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera.
Una llamada a la fe y a la confianza en Dios. ¿Quién será el próximo papa? Muchos se lanzarán a maquinar, a sembrar inquietud, a hacer quinielas políticas de progresismo o conservadurismo. Otros sentirán miedo, temiendo que el próximo papa no sea el que consideran apropiado para la Iglesia. Nada de esto suceda entre nosotros. No sabemos quién será el próximo Papa, pero podemos confiar en Dios, porque las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Con Benedicto XVI, suplicamos a María, la Santa Madre de Dios, que asista con su materna bondad a los Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.
Una llamada, finalmente, a orar por nuestro hermano Benedicto. Cuando se haga efectiva su renuncia, se dedicará a la oración y la contemplación y seguirá dando así la vida por Jesucristo y por la Iglesia. Dios le bendiga abundantemente y le sostenga en su vejez, en el camino hacia el cielo.

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