Sunday, January 19, 2014

Asociado a la pasión y a la misión de Cristo

Dar al Padre Pío de Pietrelcina el título de “místico”, nos pide bendecir y alabar a Dios, el dador de todo bien, que, por caminos misteriosos (las llagas del Crucificado en manos, pies y costado durante 50 años; la llamada “sexta llaga”, la del hombro de Jesús como consecuencia de llevar la cruz hasta el calvario; la flagelación y la coronación de espinas experimentadas al menos una vez por semana…), quiso asociar al Fraile capuchino a la pasión de Cristo. Y darle el título de “apóstol”, nos urge a imitar a quien pudo escribir o decir frases como éstas: «Quiero ser un pobre fraile que ora»; «Jesús, que yo sea contigo para el mundo Camino, Verdad y Vida. Y para ti, sacerdote santo, víctima perfecta»; «¡Qué feliz sería si lograra amar a Jesús!»; «Vivo devorado por el amor a Dios y el amor al prójimo»; “Si pudiera volar, querría gritar, gritar a todos con toda la fuerza de mi voz: amad a Jesús que es digno de amor”; «Madrecita querida: te amo mucho; más que todos los seres del cielo y de la tierra; después de Jesús, naturalmente, pero te quiero mucho»; «Quisiera tener una voz muy fuerte para invitar a todos los pecadores del mundo a amar a la Virgen María»…

El Padre Pío nació en Pietrelcina, provincia de Benevento, el 25 de mayo de 1887 y murió en San Giovanni Rotondo, provincia de Foggia, a donde había llegado el 4 de septiembre de 1916, el 23 de septiembre de 1968. Ingresó en la Orden capuchina el 22 de enero de 1903 y recibió la ordenación sacerdotal el 10 de agosto de 1910. Fue beatificado por Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999 y declarado santo por el mismo Papa el 16 de junio del 2002. Entre los muchos dones extraordinarios que le otorgó el Señor (profecía, leer las conciencias, bilocación, milagros…) sobresale el de tener las “llagas” de Cristo Crucificado en sus manos, pies y costado durante 58 años; los ocho primeros, hasta el 20 de septiembre de 1918, invisibles, pero no por eso menos dolorosas; y, desde esa fecha, como heridas visibles que, de forma inexplicable para la medicina, no se cerraban, no supuraban, manaban continuamente sangre fresca...; y que -nuevo misterio para los médicos- desaparecieron en el momento de su muerte sin dejar la más mínima cicatriz en su cuerpo. Si en vida tuvo una «clientela mundial», que buscaba en él consejo, alivio en sus problemas, intercesión ante el Señor, el sacramento de la confesión, participar en su Misa, aunque con frecuencia durara varias horas…, la sigue teniendo, y en continuo crecimiento en todo el mundo, después de su muerte.

Sin duda fueron proféticas las palabras del papa Benedicto XV, dichas cuando el Padre Pío no había cumplido todavía los 35 años: «El Padre Pío es uno de esos hombres extraordinarios que el Señor envía de vez en cuando a la tierra para convertir a las almas». Los retratos que del Capuchino de Pietrelcina han hecho los últimos Papas confirman plenamente el anuncio de su predecesor. Porque es muy breve, recojo aquí el del papa Pablo VI, en palabras al Superior general de los Capuchinos y a su Consejo el 20 de febrero de 1971: el Padre Pío «celebraba la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, aún si difícil de admitir, el verdadero representante de los estigmas de Nuestro Señor. Era hombre de oración y de sufrimiento».

En dos frases escritas por el Padre Pío y en una tercera, escuchada por él en el momento en que recibió las “llagas” del Crucificado y que manifestó, en junio de 1921, al Visitador apostólico Mons. Rafael Carlos Rossi, podríamos resumir lo más importante de la rica espiritualidad del Santo capuchino.

·  En una carta de noviembre de 1922, dirigida a su hija espiritual Nina Campanile, el Padre Pío escribe en relación a Cristo, a quien llama el “Amante divino”: «desde el nacimiento me ha dado pruebas de una especialísima predilección». Si a la palabra «predilección», que implica amor peculiar, añade el adjetivo «especialísima», y las pruebas de esa gozosa realidad las ha ido recibiendo «desde el nacimiento», se comprende que el Padre Pío se sienta urgido, minuto tras minuto, a lo que propone San Francisco de Asís en relación a Cristo: «Mucho tenemos que amar el amor de quien tanto nos ha amado».

·  En esa misma carta de noviembre de 1922 escribe el Padre Pío, pensando en el año del noviciado, cuando tenía sólo 15 ó 16 años: «Pero tú, (Señor), que me escondiste a los ojos de todos, ya desde entonces habías confiado a tu hijo una misión grandísima, misión que sólo tú y yo conocemos». En la fidelidad a esta «misión grandísima», que la expresa en frases como éstas: «liberar a mis hermanos de los lazos de Satanás»; «poner fin a la ingratitud de los hombres para con Dios, nuestro Sumo Bienhechor»; «hacerles participar de la vida del Resucitado»…, podemos entender la intensísima actividad apostólica del Padre Pío, sus muchas horas diarias administrando el sacramento de la confesión, sus cartas de orientación espiritual, sus invitaciones repetidas a amar a la Virgen María, las obras sociales que promovió…

·  Cuando, en la mañana del 20 de septiembre de 1918, Cristo crucificado se aparece al Padre Pío y le pide meditar y compartir sus sufrimientos y preocuparse por la conversión de los pecadores, y éste, lleno de conmiseración, le pregunta qué es lo que puede hacer, el Capuchino escucha estas palabras: «Te asocio a mi pasión». Aquí se fundamenta una de las realidades más misteriosas y bellas de la espiritualidad de nuestro Santo: el Padre Pío que desea sufrir, que pide al Señor la gracia de sufrir, que se ofrece a Dios como víctima en unión con Cristo...; y el Señor que le concede los sufrimientos más variados e inimaginables, pero otorgándole que esos sufrimientos sean para el “crucificado del Gárgano”: «Mi alimento diario, mi delicia» ¿Las dos cosas al mismo tiempo? Creo que sí.

Por : Fray Elías Cabodevilla Garde, OFMCap
Fuente: www.san-pio.org

Saturday, January 18, 2014

El combate de un exorcista hoy: lo que el diablo revela

Habla el presidente de los exorcistas italianos.

Un exorcista que está a la vanguardia en la lucha contra el diablo es el padre Francesco Bamonte. El exorcista de la diócesis del Papa dice que 

“Un comportamiento típico del diablo durante el exorcismo es hablar a menudo acerca de la destrucción y la aniquilación. Todo lo que es bello, bueno, sano, puro y armonioso puede ser burlado y en peligro de extinción y destrucción”, dice el exorcista. 

exorcista Francesco Bamonte

Particularmente notable es el odio del diablo contra el sacramento del matrimonio, los vínculos familiares y el afecto. 
“Él reacciona muy violentamente cuando se bendice el matrimonio de dos personas casadas o si se les invita a renovar sus votos matrimoniales”, dice Bamonte. 
Francesco Bamonte pertenece a la joven Orden de los Siervos del Corazón Inmaculado de María fundada en 1991; el  Cordis Mariae Immaculati Servi es un orden de derecho diocesano. Nacido en 1960, el Padre Bamote fue ordenado sacerdote en 1990. Desde 2012 es Presidente de la  Asociación Italiana de Exorcistas.
Inmediatamente después de su ordenación, se dirigió especialmente al Sacramento de la Penitencia para ayudar a las víctimas de las prácticas ocultas. En 1997 se convirtió en miembro de  la Asociación Internacional de Exorcistas. Desde 2005 es profesor de la  Universidad Pontificia Regina Apostolorum, en Roma, donde dirige el curso sobre Exorcismo y Oración de Liberación. A petición de varios obispos italianos y diócesis extranjeras, él instruye a los seminaristas sobre el tema de ocultismo y exorcismo y sus consiguientes problemas pastorales.  Él también ayuda a los sacerdotes que son nombrados como exorcistas en su diócesis por el obispo.

QUIERE QUE LO ADOREN COMO A DIOS

En la reunión anual en 2013, el exorcista italiano Bamonte pronunció un discurso notable. Él dijo:
“Una repetición en los exorcismos es la insistente demanda del demonio, que los hombres deben adorarle como si fuera Dios. El demonio no acepta ser creatura, se hace pasar a sí mismo por Dios, y él tiene interés de que la gente le ofrezca a él un culto que pertenece sólo a Dios. Durante el exorcismo, a menudo dice: ‘Oren para mí, pídanme a mí, yo soy dios, yo soy dios. Arrodíllate, cuando es invocado mi nombre. Soy todopoderoso. Llámame.’”

DESTRUCCIÓN DE LO BUENO

Otra característica esencial en el comportamiento del demonio durante el exorcismo, es que es muy común que hable de “destrucción y destrucción.” Todo lo que es “bueno, bello, sano, puro y armonioso” se cubre con mofa por el demonio. Él amenaza con destruirlo todo. El odio especial de las fuerzas demoníacas se aplica al sacramento del matrimonio y de la familia. 
El sacerdote habla de un exorcismo en la que el demonio le dijo:
“No me gusta la forma en que las mujeres están vestidas. Usted debe desnudarse aún más por lo que su sexo debe ser prevalente y pueda destruir a más familias.”
En otros exorcismos, el demonio habló de una manera muy metafórica de los órganos sexuales como el “centro del mundo”.
El diablo responde con “furia”, si el matrimonio de una pareja es bendecida o si los jóvenes quieren ser castos hasta el matrimonio. El diablo maldice esas decisiones de pureza y castidad como “basura”, dice el padre Bamonte.

ABORTO Y SEDUCCIÓN SEXUAL

Una característica sobresaliente de la “personalidad” del diablo es su “odio abismal”.
Él disfruta con el mal en cualquier forma en que se produce.”
En un exorcismo, exclamó:
“Tomad este libro atroz del Apocalipsis que está escrito acerca de una mujer que da a luz. Yo siempre trato de comer a los niños ¿Sabes cómo…?”
Entonces el diablo describió con palabras aterradoras el asesinato en masa diario de miles de niños no nacidos que son asesinados por el aborto en el útero. También ilustró en todos los detalles, el abuso sexual atroz de los niños. 
Él siempre añade en sus declaraciones espantosas el horrible: “¡Cuánto me gusta eso!”,  dice el padre Bamonte.
También dijo que él habló de cómo los jóvenes se destruyen con el uso de drogas o sobre los terroristas suicidas islámicos que se inmolan.

LOS PERVERTIDOS Y BURLADORES

“Es sorprendente, cómo él tuerce todo y vuelve boca abajo convirtiendo el mal en bien y el bien en mal. Cuando le ofrecí a él una reliquia, gritó: ‘¡Qué hedor!’ Es es cómo él lo ve. Con Él, quiere decir Jesucristo, cuyo nombre nunca pronuncia por desprecio y odio. Cuando le mostré un rosario, dijo ‘cadena maldita con la cruz en el extremo’. Cuando lo rocié con agua bendita, los poseídos, el diablo, protestan airadamente: ‘No me puedes lavar con el agua, que apesta y quema’. Cuando dije las palabras sobre un poseído ‘Bendice Señor este hermano’ el diablo gruñió inmediatamente, ‘¡él será condenado, yo lo llevaré al infierno!’”
El exorcista continuó:
“Cuando llegué a las palabras, ‘inimìce fidei, hostis, umani generis, adducto mortis’ en el curso de una exoricismo, el demonio dio toda su devoción por el mal y para que el mal sea reconocido: ‘el poder del mal será ??nuestro altar en el que vamos a sacrificar la vida de tus malditos hijos e hijas en este altar, vamos a derramar la sangre de tus malditos hijos e hijas. Hay un dios para los que odian, y ese dios es mi dios’

“EL ODIO DE LA GENTE ME ALIMENTA”

El diablo muestra su verdadera cara durante los exorcismos. Él debe ser visto para revelarse a sí mismo tal como es, como quien constantemente quiere dividir a la gente en contra de unos a otros. Él goza del odio entre las personas y anhela la malignidad humana,
“este es el alimento que me nutre y me fortalece”, le había contestado una vez, dijo Bamonte.
“Muchas veces”, dice el exorcista, “he oído al demonio en perfecto acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia que el mal es una decisión libre de un hombre. Él también tuvo que admitir que él no puede hacer nada en contra de la voluntad del hombre, si él se opone a la gracia que lo apoya. Él es, como lo explica claramente una y otra vez, el gran tentador que quiere tentar a la gente siempre: ‘Nuestro deber es tentar, siempre, a cualquier persona, en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Algunos son atrapados en nuestra red, algunos para siempre’

EL PODER DE LA ORACIÓN Y DE LA SAGRADA LITURGIA

El exorcismo demuestra la potencia inmediata de la oración, dice el exorcista de la diócesis de Roma.
El exorcismo es una acción litúrgica y por lo tanto una oración de la Iglesia. El exorcista no hace nada en su propio nombre, sino todo en el nombre de Jesucristo y de la Iglesia. Cuando vemos lo mucho que este rito perturba al diablo y los demonios y lo derrota, entonces nos damos cuenta de todas las otras acciones litúrgicas de la Iglesia, la oración y la gracia que ellas obtienen en forma más potente. Eso realmente nos debe animar a orar, a hacer uso de la ad Sacramentos, visitar la Santa Misa”. 
“En un exorcismo, el demonio tuvo que admitir, ‘aparentemente obligado por Dios’ y decir: ‘Si ustedes vivieran de rodillas delante de él y le adoran y cantan alabanzas, como lo hacen los ángeles, no tendríamos todo el poder, el que usted nos da sobre usted’
Fuentes: Eponymous Flower, Signos de estos Tiempos

Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo


 
Los domingos del tiempo ordinario nos deben ayudar a conocer mejor la persona de Jesús y sus mensajes. Con ello iremos logrando que nuestra vida se asemeje un poco más a la suya y así conseguiremos más la finalidad para la que hemos sido creados. San Juan Bautista nos da hoy un testimonio grandioso de la personalidad de Jesús porque había tenido una especial manifestación: Había visto la acción de Dios por medio del Espíritu sobre Jesús. Había sido para Jesús una experiencia espiritual de esas que hacen impacto en el alma e impulsan a la acción. Juan nos dice que no le conocía. Es posible que se conocieran externamente como de familia; pero ahora Dios, por esa experiencia, le había dado un conocimiento superior. También nosotros, si queremos testimoniar a Jesús, no debemos contentarnos con un conocimiento externo o sólo intelectual de Jesús, sino que debemos tener alguna experiencia en nuestra intimidad de quién es Jesús y de que está entre nosotros.

Este domingo sigue todavía con las epifanías o manifestaciones de Jesús. En otros ciclos se habla de las primeras manifestaciones a sus discípulos por la llamada o las bodas de Caná; en éste se nos da la manifestación del Bautista: “He aquí el Cordero de Dios”. Nosotros estamos acostumbrados a escuchar esta expresión varias veces en la misa. Los israelitas lo estaban también por las Escrituras y por los sacrificios en el templo. Ya en el Éxodo aparece el cordero pascual, cuyo cuerpo es alimento y su sangre les salva de la muerte. El profeta Isaías en uno de los cánticos del siervo de Yaveh (Is 53) presenta al cordero inocente que carga con nuestras culpas. En el N.T., para san Pablo (I cor 5, 7-8), Cristo es nuestro cordero pascual inmolado. Y en el Apocalipsis aparece el Cordero inmolado que es aclamado por la multitud.

Cuando los judíos ofrecían en el templo un cordero como sacrificio a Dios, en realidad querían quedar bien con Dios, pero sólo era una representación del perdón de los pecados. Este “Cordero de Dios”, que es Jesús, ofrecido a Dios para salvarnos, es “el que quita el pecado del mundo”. Podemos decir que hoy no gusta a muchos que se hable de pecado. Desgraciadamente en muchos ambientes se ha perdido la conciencia de pecado. Algunos rechazan el pecado como para aliviar su conciencia, para disculparse. Pero la verdad es que nuestra sociedad no es inocente. Y el pecado no está sólo en los individuos, sino en las estructuras sociales, en los modelos de organización que se eligen y siguen sosteniéndose. Pecado hay donde reina la injusticia, la explotación y marginación. Los cristianos o personas de buena voluntad, que detectan el mal, no sólo deben contentarse con detectarle, sino dar testimonio de que puede ser vencido por una vida donde reine el bien, la justicia, la paz y el amor.

 


El hecho de que Jesús sea “el Cordero que quita el pecado” significa que es nuestro Salvador. Y nos ha salvado uniéndose a nuestros sufrimientos. En otras religiones Dios o los dioses están tan lejanos de la tierra que ni conocen ni menos pueden tener experiencia de nuestros sufrimientos. Nosotros aceptamos a Jesús como “el Cordero de Dios”, porque, siendo Dios, se ha acercado tanto a nosotros que está en medio de nuestros sufrimientos, no para quitarlos, sino para que, sufriéndolos, podamos hacer que esos sufrimientos tengan valor de redención. En estos tiempos actuales hay muchas personas que viven tan metidos en los adelantos materiales que sienten no necesitar ningún otro redentor que venga de fuera. No sienten deseos de otra vida o del “más allá”. Les basta lo que pueden conseguir con sus propias manos.

 
Rio Jordan, Israel, Tierra Santa
Jesús, que ante el Bautista había pasado como un pecador, humillado, ahora es el que “quita los pecados”. Cuando en la misa le llamemos a Jesús “Cordero de Dios”, sintamos que con su entrega generosa nos sigue librando del mal, que tantas veces hemos hecho, y le prometamos unir nuestros esfuerzos a los suyos para que en el mundo haya un poco menos del mal y reine más la justicia y el bien.

Por: P. Silverio Velasco, de Aranda De Duero, España